De Oriente a Occidente
Santiago y Haridwar (India) en el año santo

Dos formas distintas y semejantes de religión



Año Santo de Santiago de Compostela y de Haridwar (India)

Entramos en una de las siete ciudades santas de la India. Se llama Haridwar. La ruta se hace más pesada. Se ven contingentes de personas trabajando en medio de la carretera. Se nota un movimiento especial desde unos kilómetros antes de llegar a la ciudad. El movimiento es cada vez más intenso. Las orillas del Ganga o Ganghes están en obras. Tanto nos extraña que le preguntamos a Rupesh, nuestro acompañante indio, qué pasa. El nos mira de frente, sonríe y contesta: “Kumbha Mela”.

Luego nos explica que el año 2010 la Kumbha Mela se desarrolla en esta ciudad y que en los próximos meses millones de hindúes se acercarán aquí para purificarse. Se sumergirán en las aguas del río sagrado, el Ganga, como le dicen ellos, y luego cumplirán los demás ritos, lo que llaman la “puya” y otras oraciones que elevan en el templo. Todo ello para limpiar el “karma”, algo semejante a lo que llamamos los cristianos el pecado. Luego purificados, limpios de sus karmas negativos regresarán a su casa.

Mi mente vuela al Año Jubilar de Santiago de Compostela. Cuántos siglos mirando a nuestros hermanos orientales como si hicieran cosas raras y, resulta que somos tan distintos y tan parecidos.

Miles de personas recorrerán el Camino de Santiago en el dos mil diez. A pie, a caballo, en bicicleta… Desde antiguo se hacia esta peregrinación con motivo de purificación de los pecados. El peregrino de las estrellas llegaba a la Catedral entraba por la puerta santa que es pequeña y sencilla. Dentro confesaba sus pecados, se sumergía en el “agua” del sacramento de la penitencia. Asistía a Misa, comulgaba. En definitiva, se purificaba de su karma, de su pecado y luego salía victorioso y radiante por la puerta principal de la Catedral, por el bien llamado Pórtico de la Gloria.

Las religiones han provocado a lo largo de la historia miles de enfrentamientos y de guerras. Continuos resentimientos, odios, rencillas, envidias. Cuántos karmas o pecados creados en nombre de la religión. El hombre religioso que no sobrepasa los rituales para ir a la esencia de las creencias tiene el riesgo de seguir en esa misma actitud mirando de reojo a los que no son como él.

Vuelvo a la realidad de Haridwar, un hombre de unos cuarenta años sale semidesnudo de las gélidas aguas del Ganga. Sale feliz, busca una toalla y se seca con tranquilidad, en medio del frio, sonriente.

Con la imaginación veo saliendo a un joven de cerca de treinta años, sudoroso, con su mochila al hombro. Es Felix, un amigo de la infancia. El me comentaba: “Salir de la Catedral después de haber caminado más de setecientos kilómetros, de haberme confesado y dejar todo lo sucio de mi pasado en la catedral a los pies de Santiago y de comulgar en la Misa del Peregrino. Estaba tan, tan contento que ni siquiera me quedé a ver el botafumeiro. Esa salida por el Pórtico de la Gloria ha sido uno de los momentos más felices de mi vida”.

Gumersindo Meiriño
Año Santo de Santiago de Compostela y de Haridwar (India)
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