Rahúl de Varanasi
La ciudad más sagrada de la India es Varanasi. Miles de años de historia, de práctica del hinduismo han dejado huella en la vetusta, y por qué no decirlo, no muy limpia, ciudad de Varanasi.
Yendo desde los ghats a la Family House, que regenta nuestro amigo indio Ashok , después de saltar, varias veces, los restos mortales de vacas y perros que pululan por los más remotos sitios, hasta tener que pararte en un rincón para dejarles pasar, llegamos al restaurant donde trabaja Rahúl y donde paramos a comer algo o a tomar un chai, un té normal o uno con limón y jengibre. Rahúl es un joven de 21 años, que para sorpresa nuestra, nos contesta en español. Los demás mozos del bar tienen cierta dificultad con el inglés y, todavía más, con el castellano, cuando llega alguien de habla hispana buscan inmediatamente a Rahúl.
Cada día se levanta muy temprano, hace sus oraciones y sale corriendo para abrir un pequeño negocio de bisutería, en medio de un sinfín de comercios, en calles estrechísimas en las que apenas se puede circular, y en las que, como ya hemos dicho anteriormente, caminan pacíficamente vacas, perros y en algunas ocasiones, cabras, y que rodean el famoso templo del oro, en pleno centro de Varanasi. Luego va a la universidad y a la tarde trabaja de camarero en el restaurant.
El primer día se acercó a nosotros y nos preguntó de dónde éramos. Al poco empezó un intenso diálogo. Le preguntamos donde había estudiado español. Nos dijo que en ninguna parte, lo que sabe es por atender a los muchos hispanos que pasan por allí. “Hace unos meses, contesta, uno que se llamaba Pablo, me dejó un diccionario, cuando llego a casa lo leo y aprendo nuevas palabras que luego practico aquí en el restaurant con ustedes, los españoles. A veces me dicen algo que no entiendo, voy a la parte de atrás y busco en el diccionario”.
Rahúl te mira a los ojos, sonríe con frecuencia y, a veces, se pierde en el diálogo porque le hablamos demasiado rápido. “Me gustaría conocer España, dice, con cierta ingenuidad, pero no sé cuándo porque mi vida está aquí y además no tengo dinero suficiente. Pero ya veremos …, después, más tarde, ¿se dice así?”.
Ayer Miguel, otro jovencito de 16 años, en una ciudad española me confesaba: “estoy aburrido del inglés, me cansa. Mañana tenemos examen. Además mis padres me enviaron a una Academia dos veces a la semana. Estoy harto del inglés. Tengo unas ganas de que lleguen las vacaciones”.
Tengo abierto el correo electrónico. Miro con emoción uno de los que me llegó de la India, desde Varanasi, la ciudad sagrada por excelencia para los hindúes, que termina así: “que os divirtáis, como va todo, e su esposa, cuando volver aquí otro vez. Te extraño. Estoy Rahul de Varanasi ”.
Gumersindo Meiriño
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